
Instaladas en las entradas y salidas de la población son uno de los elementos constructivos más singulares de Cartaya en cuanto al Patrimonio Etnológico se refiere.
Dentro del amplio abanico de manifestaciones que componen el Patrimonio Etnológico las Cruces de las Hornacinas se enmarcaría, según las directrices del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, dentro de las conocidas como Patrimonio Etnológico de Artesanía puesto que se considera como un procedimiento y producción no seriado y que han estado relacionados tradicionalmente con el mobiliario doméstico, el mobiliario urbano y los rituales religiosos.
La procedencia o arraigo en Cartaya de este tipo de construcciones proviene de la época Bajo-Medieval aunque su mayor desarrollo lo experimenta bien entrado el periodo conocido como la Edad Moderna. Hay distintas versiones de los motivos o causas que provocaron la proliferación de estas Cruces, las cuales no niegan a las otras sino que en un momento determinado pudieran coexistir varios motivos que justifican la realización de las susodichas Cruces, de entre las que destaco las siguientes: Instrumento para rememorar un suceso trágico acaecido cerca del lugar y sanarlo así de una influencia de fuerzas maligna; A la piadosa devoción de un particular en encomendarse a algún santo; Podrían recordar algún lugar sagrado, una ermita que hubiera desaparecido y se quisiera mantener la memoria. En nuestra población hay varios ejemplos claros de esta tipología; También podrían recordar algún lugar de enterramiento habitual o masivo tras alguna epidemia, muy comunes en Época Moderna. Como lugar de encomendación y de encuentro, éstas se situaban a las entradas de la población. Se colocaban como medidas de protección ante las enfermedades y a su vez, servía de despedida al viajero que se encomendaba ante el símbolo o como lugar de encuentro para realizar tareas comunes a la población como podían ser las abatidas para exterminar las epidemias de langostas de 1655.
Cruces De Hornacina
Patrimonio